Tres hitos que nacieron en las elecciones del 2006 en México
Las elecciones presidenciales en México, han marcado un parteaguas histórico en la política azteca. Por primera vez se dieron unas elecciones normales, sumamente competitivas en donde los sistemas electoral y de partidos mostraron fortalezas y debilidades nunca antes vistas, y lo más importante, la alta participación ciudadana de casi el 60% de los más de 70 millones de electores.
El reducto mínimo de la democracia, es decir, el voto, fue el tesoro más buscado por los cientos de candidatos a cargo de elección popular -diputados locales y federales, senadores, cuatro gobernaturas y una jefatura de gobierno, presidentes municipales, y Presidente de la república- por encima de la credibilidad, las propuestas sustentables, y la competencia leal y justa. No obstante, estas elecciones marcaron tres hitos en el sistema político mexicano: a) El traspaso del PAN y del PRD como las dos primeras fuerzas políticas; b) El descenso del PRI a tercera fuerza, y; c) La debilidad del sistema electoral y de partidos para conformar gobiernos de mayoría.
Por primera vez en la historia posrrevolucionaria de México, el poder Ejecutivo y Legislativo estaba siendo disputado por dos partidos políticos diferentes al hegemónico Partido Revolucionario Institucional. El Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Mexicana en este último en alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Convergencia formaron en esta campaña presidencial y legislativa, lo que será un nuevo escenario para la conformación de alianzas en los diferentes niveles de gobierno.
Así sea el triunfador el candidato de la izquierda o la derecha, la conformación de alianzas que permitan la gobernabilidad para los próximos seis años, será uno de los primeros obstáculos a resolver, en donde los vencedores deberán ser hábiles para formar alianzas estratégicas y poder impulsar un gobierno de minorías, y por otro lado, la oposición deberá acostumbrarse a negociar y a trabajar en un escenario en donde la mayoría será fuertemente perseguida. Y será ahí, en donde el PRI juegue como equilibrio de la balanza.
Las campañas
El Partido Acción Nacional mostró una campaña direccionada según las tendencias mercadológicas lo señalaran, al más puro estilo norteamericano, dado que al candidato del PAN Felipe Calderón, demostró una imagen como lo que semanas atrás mencionaba el New York Times, de Bill Clinton mestizo.
Asimismo, Calderón quien inició su carrera por "la silla grande" en un tercer lugar, dio una campaña ejemplar al llegarse a colocar como el principal rival de López Obrador en las preferencias del electorado. Desde un desconocido hacía unos meses, al candidato dudosamente triunfador, el candidato del blanquiazul, gastó millones de pesos en una campaña de una imagen joven, pero no inexperta (al menos como diputado), dinámica, el combate a la corrupción y la generación de empleo eran su mejor oferta.
Sin embargo, temas torales como el agua, la inseguridad, el narcotráfico, la reforma del Estado y educativa, los Acuerdos de San Andrés, entre otros temas principales- que solo fueron mencionados como parte de la retórica de campaña- no aparecieron ni en sus promesas de campaña.
Y como entre la guerra y el amor todo se vale, la campaña del conservador, Felipe Calderón no hizo caso omiso a este refrán popular, pues además de las características anteriores, la desacreditación de los otros candidatos, en especial contra su oponente de izquierda, la campaña del miedo (dado que en todos los medios electrónicos y escritos, el PAN y la ultraderecha prevenían de una dictaura al estilo Hugo Chávez, la salida del capital extranjero y nacional del país, el empobrecimiento de ipso facto, la guerra contra la Iglesia católica, entre otras aseveraciones).
Calderón no respetó los acuerdos que se tomaron en las oficinas del Instituto Federal Electoral -la máxima institución en esta materia- en donde se acordó entre otras cosas a no llamar al descrédito, respetar topes de campaña y a respetar el dictamen del IFE al momento de proclamar al ganador.
Por su parte, Andrés Manuel López Obrador- popularmente conocido como el Peje, debido al pez oriundo del estado Tabasco llamado pejelagarto, donde nació Obrador- candidato de la Alianza por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia), abanderado de la centro izquierda, mostró una campaña mayormente enfocada a las clases medias, medias bajas y bajas. Con un corte más popular e incendiario, el equipo de campaña de López Obrador mantuvo a su candidato como el candidato de la alternativa no neoliberal.
Cabe resaltar que el ex Jefe de Gobierno de la ciudad de México, propuso disminuir la grave desigualdad del país a través de programas sociales y económicos que equilibraran un poco más la balanza entre ricos y pobres. Asimismo llamó a la clase empresarial a pronunciarse por un proyecto industrial para México, a convertir la ciudad de México en el Estado 32 (México tiene 31 Estados y un Distrito Federal, por lo que las facultades del Jefe de Gobierno son aun limitadas por el Presidente y el Congreso) dotando así al Distrito Federal de mayores atribuciones y la apertura de la deuda privada que se hizo publica, llamada también IPAB, el esclarecimiento de los desaparecidos durante la guerra sucia entre otros temas sociales.
Sin embargo, la falta de aplicabilidad de Plan Alternativo de Nación -contenido en el libro de su autoría del mismo nombre - en materia económica, la campaña de calumnias sobre corrupción, y otros descréditos promovidas por la derecha mexicana, fueron los puntos clave para reducirlo en las preferencias electorales a tal grado que llegó a empatar en el primer lugar con Calderón.
La oferta de un cambio necesario en el sistema económico y la distribución de la riqueza en el país (México ostenta a más de cuarenta millones pobres) fueron quizás las ofertas mas llamativas para el electorado cansados de las terribles condiciones de desigualdad, marginación y pobreza producto de las políticas del libre mercado y de los defensores del status quo.
Lo nuevo del PRI
Otro hecho trascendental, el tradicional Partido Revolucionario Institucional, otrora partido de masas, inamovible, digno de estudiosos de todo el mundo, era reducido al tercer sitio.
Su candidato y ex presidente del mismo partido Roberto Madrazo, tabasqueño al igual que el "Peje", fundó su nicho político que lo acompañaría en esta elección de una forma a la usanza antigua de los lideres sindicales llamado "charros". Su estrategia consistió como primer paso, ocupar presidencia del PRI en fórmula con su hoy principal enemiga personal y política Elba Esther Gordillo , compitiendo en una turbia elección con la ahora candidata no ganadora al gobierno de la ciudad de México y ex gobernadora de Tlaxcala, Beatriz Paredes.
Segundo paso, deshacerse de sus adversarios al interior del PRI, como Elba Esther Gordillo (Líder del Sindicato de Maestros, el mayor en número de afiliados en América Latina), Arturo Montiel, ex gobernador del Estado de México, y de varias decenas de priístas tradicionales entre ellos, la mitad de los entonces diputados federales.
A pesar de los varios focos rojos de resquebrajamiento del partido, Madrazo manoseó la postulación de su candidatura y de su sucesor al cargo ,tercer y cuarto paso, incluso yendo en contra de los mismos reglamentos internos del PRI, al reelegir a Mariano Palacios Alcocer como presidente del organismo políticos.
El candidato del tricolor hizo caso omiso de las advertencias de sus partidarios y se lanzó con todas las de perder, confiando en la teoría del liderazgo tradicional y en el voto duro en los estados del norte y centro del país, por supuesto en los estados en donde su camarilla política había conseguido las gobernaturas hacía unos meses atrás.
La tendencia de las últimas tres elecciones presidenciales, parece dirigirse cada vez más a la neutralización del PRI, al menos si no a su desaparición,sí a su fatal debilitamiento como el otrora partido hegemónico de México, pero su transformación a un partido equilibrante entre las fuerzas de izquierda y derecha, así como de quedarse en la banca de la oposición por otros seis años por lo menos. Eso si el partido no siguiera teniendo mayores salidas de partidarios influyentes u otros escándalos que debilitarían a un más al partido.
Democracia sin mayorías
El sistema electoral mexicano, ha sido modificado desde mediados de la década de los años setenta del siglo pasado, hasta la más reciente e importante como lo fue la de 1996 en donde se dota de autonomía y ciudadanización del órgano de control electoral, después de haber sido llevado por varias décadas por el propio poder ejecutivo.
Sin embargo, esta última elección, dejó al descubierto un resabio del anterior sistema priísta en donde quedaba establecido que no era necesaria una observación acerca de una posibilidad de controversia en caso de que dos partidos resultaran con la mínima diferencia de votos, pues el PRI se supondría que siempre iba a ser el vencedor. (ver Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales)
La diferencia entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador es de menos de un punto porcentual- PAN 14,027,214 (36.28%), Alianza por el Bien de Todos PRD, PT, Convergencia 13, 624,506 (35.34%)- lo que representa menos de 500 mil votos, de un total de un total de 38,549,351 votos emitidos. Es decir, que no es un indicador claro que indique se ganó con la mayoría de los votantes mexicanos. Por su parte el PRI obtuvo 8318,886 (21.57%), Nueva Alianza 384,317 (0,99%), Alternativa 1,085,966 (2.81%). Un dato curioso fue además el caso del Partido nueva Alianza, pues se obtuvieron el doble de sufragios para el caso de legisladores, que para el propio candidato a para la presidencia de la República.
Las tres partes del Congreso
El otros escenario, de suma importancia para las reformas necesarias que necesita el país, tanto para poder ser competitivo como empresa, o por el otro lado para ser más justo en el contexto de economía mundo, es el caso de la conformación del Congreso hoy más dividido que nunca.
El pastel de San Lázaro quedó dividido en tres proporciones casi iguales, quedando el PAN como primera fuerza con 31% de las curules, el PRI con 29%, y el PRD con 26 (los dos últimos debido a las coaliciones que formaron y al reparto hacia los otros partidos). Esto significa que, dada la polarización evidente entre la izquierda y la derecha, el PRI, como fuerza ambivalente, podrá negociar ciertas posiciones tanto con el PAN como con los partidos de izquierda, para que sus votos a favor de uno u otro sean los que permitan formar mayorías suficientes para la aprobación de leyes trascendentes.
Sin embargo, en el peor de los escenarios y el más probable también, será que cada facción jalará agua para su propio pozo, pues como la experiencia empírica ha mostrado, los legisladores no han podido negociar y llegar a formar mayorías, debido a que se están más al pendiente de su próxima elección y formando sus propios cotos de poder, pues el sistema electoral y de partidos se enfocan más en la competencia que en las convergencias de ideas.
En medio del polvo levantado se murmura entre la clase política, los académicos y medios de comunicación, la posibilidad de implementar la llamada "segunda vuelta" para resolver una situación similar en el futuro.
Por más cara que sea la democracia mexicana, más de mil millones de pesos mexicanos (10 millones de dólares) una segunda ronda de votaciones entre el primer y segundo lugar, que no obtuvieron una mayoría clara y definida, podría no obstante, solucionar este problema, no sin el probable reclamo de buena parte de la población mexicana.
Lo importante es que los mexicanos, estamos aprendiendo de forma empírica a creer en nuestras instituciones, a creer en los cambios posibles, en que el voto es importante, aunque no lo único y último de la democracia y por supuesto, a mirar y planificar con visión de largo plazo.
Santiago de Chile, 4 de julio de 2006

1 Comments:
Estimado Amigo:
(DE mi amiga y futura politologa del TEC Katya Puga, Mexico)
He leído con atención el artículo que enviaste la semana pasada sobre los que consideras hitos fundamentales de la elección mexicana. Concuerdo contigo en las lecciones que deja tras de sí el proceso electoral, no obstante, me atrevo a poner sobre la mesa un nuevo tema, que espero, sea el comienzo de una discusión vía electrónica que nos puede ocupar durante los próximos meses.
El tema que me parece debemos discutir con sumo cuidado es la situación de nuestra democracia, precisamente a la luz del reciente proceso electoral. Dice un autor polaco, y dice bien, que la democracia es el régimen según el cuál se puede garantizar que un fuerza opositora cuente con posibilidades reales y efectivas de acceder al poder; tal autor estableció dicha definición como un criterio que le permitiera clasificar a las democracias en el mundo, en oposición a las autocracias, seguro lo has leído, ya que es un estudio clásico de la ciencia política: “Democracia y Desarrollo” de Adam Pzeworski (et. al.). Tal criterio resultó pertinente en virtud de que había muchos regímenes con alternancia política (pero negociada como el caso Venezolano durante el Pacto de Punto Fijo), o bien elecciones periódicas pero que no garantizaban competitividad (como el caso mexicano durante buena parte de la historia de nuestro sistema político).
Me gustaría que rescatáramos esta definición y evaluáramos a la luz de tal planteamiento lo ocurrido en el caso mexicano. El proceso electoral que vivimos, y permíteme ir más allá de la retórica política que hoy inunda nuestro contexto político, efectivamente no garantizó la máxima de posibilidades reales y efectivas que reclama Pzeworski, y no fue así en tanto fuimos testigos de numerosas anomalías:
1. Manipulación de la elite económica con miras a garantizar la continuidad del status quo.
El uso de una maquinaria mediática violenta que articuló una campaña de desprestigio
El uso del aparato estatal, en particular el uso de programas sociales para beneficiar a la derecha.
Tales anomalías no son extrañas a nuestra historia política contemporánea, pero si lo son cuando sin reparo nos llenamos la boca aludiendo a la democracia en la que vivimos. El asunto es claro, de que democracia hablamos cuando, no obstante la alta participación que observamos, no contamos con la certeza de que se trató de un proceso electoral en el que el sufragio fue la pieza clave. Cuál es el estado de una democracia en la que prevalecen un conjunto de poderes que son definitorios para el resultado de una elección, más allá del voto de los ciudadanos.
Más aún, cuando te planteo discutir el estado de nuestra democracia en relación a lo que estamos viviendo, te sugiero la siguiente consideración. Por allá de los 70 varios autores coincidieron al afirmar que había que trasladar la discusión entorno a la democracia de su plano formal al plano sustantivo. Pues bien, nuestro proceso arrojó grandes cuestionamientos sobre el estado procedimental de la democracia mexicana, hoy estás lejos pero seguramente te has informado de las infinitas irregularidades que enmarcaron lo que hoy con tanta alevosía califican las autoridades electorales como un proceso ejemplar. La democracia sustantiva, por demás, quedó confirmada. Hay un sector ampliamente participativo (en diferentes dimensiones y en diferentes niveles), hay un sector que asume los derechos y obligaciones que le reclaman el régimen democrático. Vamos a obviar al sector de la población (y sé que sonaré muy a la Stuart Mill) que ejerció su voto bajo preceptos tan estúpidos como “el peligro para México”, o “la generación de empleos vía inversión”, te digo que lo obviemos pues ese tema sería casi una gran tesis sobre la cultura cívica del mexicano, que en los 60 calificaron de parroquial (Almond y Verba), y que para ese sector en particular no está muy lejos la clasificación.
En fin, espero que estas líneas sean el inicio de una conversación que me parece necesaria.
Un abrazo
Katya
PD. Los posicionamientos políticos los estoy obviando, aún cuando actualmente estoy dentro de lo 14 millones de personas en depresión. Ya sabes, voto por voto, casilla por casilla.
6:15 PM
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